Es lo primero que hago al despertarme y lo último antes de soñar. Así comienza mi dia: abriendo los ojos. Esa expresión en la cara como la de un bebé que aprende a usar su sentido de la vista; los ojos bien abiertos, atento, sonriendo o con la boca entreabierta a veces babeando. Amo mirar, ver, observar. Amo los colores y las sombras, las texturas y movimientos de las cosas y de la gente.
Mis ojos son como la boca de mi mente; me alimento a través de las imágenes y entonces empiezo a crear.
Para mí incluso la música es visual y a la vez táctil; me hace sentir y cada nota provoca una imagen que se proyecta en mi cabeza. A veces prefiero solamente sentarme tranquilamente y observar; porque sucede toda una conversación dentro de mí, y de esa conversación nace la poesía visual que luego se convierte en palabra, que luego se transmite y que a su vez se vuelve a convertir en imagen de nuevo.
El caos se vuelve presente y se vuelve confuso cuando la realidad de mis ojos no concuerda con lo que viven mis otros sentidos. A veces no entiendo sarcasmo y a veces caigo en la ingenuidad ya que no puedo evitar observar e imaginar antes que pensar. Es por eso que las palabras me las tomo tan literales como la imagen que transmiten.
Yo sonrío al verle ahí de pie sosteniendo su corazón con una mano y el micrófono con la otra porque hasta el más pequeño acontecimiento divino y natural se vuelve todo un espectáculo visual en mi cabeza que se transforma en sensaciones e imágenes increíbles.
Valoro cada gesto, cada acción, cada mirada, cada sonrisa e incluso cada palabra que siembra una imagen en mi mente. No puedo negar mi naturaleza realista que es a la vez creativa. Pero no me gusta batallar, lo que es ES y así será siempre, a menos que mis ojos me digan lo contrario.
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