Cuando fue la última vez que platicamos tu y yo? No lo recuerdo pero he querido hacerlo desde hace tiempo ya que hay tantas cosas que debo decirte. Te veo y no te reconozco. Recuerdas cuando eras sólo un niño?? Tenías más sueños e ilusiones de los que tienes ahora. Tenías más espíritu; te emocionaba la vida y lo que tenía que ofrecerte. Bailabas, cantabas, corrías, sonreías y reías sinceramente. Ahora sólo te veo ahí sentado escribiendo esto como si no estuvieras realmente en la tierra. Te veo incómodo con cada paso que das y cada palabra que las costumbres sociales te obligan a repetir. Te escucho terminar cada frase con una risa tan fingida que ni tú te la crees, como tratando de aparentar que todo está perfecto. Pues te diré que no engañas a nadie, y menos a mí ya que, claro, te conozco al cien por cien.
Por eso estoy aquí. Quiero decir que, siempre he estado contigo, pero ahora que he captado tu atención, me habrás de hacer caso. Recuerdas cuando eras un niño? Si? Pues vuelve a recordarlo. Ese niño no paraba de soñar. Tu vas de aquí para allá y regresas con las manos vacías, a veces con la mente hueca como si tus ideas se hubieran evaporado en el aire. Debes encontrar inspiración de nuevo; admira las cosas simples, las historias que guardan los espacios, las expresiones de la naturaleza y las emociones de las personas. Rigidiza tu postura, en menos de lo que te des cuenta te saldrán bolas en la espalda si no lo haces, y vigila tu cuerpo porque es tu primer hogar; nútrelo y ejercítalo. Pon especial atención a tu corazón que es lo que es: una parte vital; protégelo, mímalo, aliméntalo, pero también enséñale y repréndele en el suceso de un error. Abrígalo bien porque los vientos del romance, imponentes y devastadores, no tienen clemencia y lo dejarán congelado. Sonríe y mira que aquel que se ríe de sus fracasos, habrá triunfado. Pero nunca malgastes una risa que no tiene razón de ser, sólo te engañas a ti mismo.
Atentamente: El que te mira tras el espejo.
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