lunes, 21 de diciembre de 2009
Rosa amarilla
Admiro tu entusiasmo por vivir, a pesar de lo que lo efímero de tu existencia. Tuviste ganas de convertirte en algo más que un regalo, más que un simbolismo o un mensaje oculto: un nuevo comienzo. Te invité a mi casa, te di un lugar y te di de beber, y cuidé de ti porque yo tenía las mismas ganas que tú de que fueras algo más. Sin embargo ahí estuviste en el mismo lugar, mientras yo iba y venía, y tu sólo sonreías, porque no había otra cosa que hacer, porque tu lo supiste todo el tiempo, mas yo no supe escucharte. En gran parte porque no hablo el lenguaje de las rosas, pero también porque decidí creer que los detalles valen por lo que son y no por algún significado oculto. Nunca tiraste un solo pétalo. Simplemente agachaste la mirada y te fuiste a dormir. Yo extrañaré tu compañía y te recordaré con mucho cariño, agradeciendo siempre lo que pudiste ser y lo que ahora soy yo, con una sonrisa de verdad, preparado para que el florero que dejaste reciba la siguiente rosa, y habiendo descubierto que todos los días son un nuevo comienzo.
sábado, 12 de diciembre de 2009
Cinco segundos
Risas, unas copas de merlot, "muchas gracias por todo; la cena estuvo riquísima. Hasta luego" abrazo, subo a mi coche y arranco. La lluvia no me deja ver el camino; no voy tan lejos, pero si pudiera ver, iría más rápido y ya hubiera llegado. Voy cantando despreocupado en lo que manejo con dirección a mi casa hasta que los coches delante de mí empiezan a bajar su velocidad. ¿Qué pasa? Seguramente hay antialcohólica ahí adelante. Hay luces. Conduzco despacio para que no sospechen que he bebido. No es nada, solo unas grúas. Y en lo que avanzo y apenas pensé: "no era nada, estoy a salvo" me doy cuenta que tras la grúa se a asoma el coche de otra persona, volcado de cabeza, con el capote completamente aplastado sobre el pavimento, pedazos de metal por todo el lugar. No había gente afuera, sólo lluvia. Tampoco había sangre, tal vez el agua la había lavado del asfalto ya. Fueron cinco segundos para mi, el tiempo transcurrido en lo que despacio pasaba junto al coche hecho garras, mirando con los ojos bien abiertos, mientras que lo único que pensaba era "por favor, sigue con vida". Cinco segundos para mí, pero para quien iba en ese coche cinco segundos fueron dolor y miedo. Cinco segundos para tomar una decisión fatal. Cinco segundos antes de eso quizá sonreía. Cinco segundos para valorar la vida entera, mientras desaparece. Cinco segundos traducidos en un para siempre y un hasta luego.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Escape
Cinco personas en la misma oficina aburrida sin ventanas, en el sótano del edificio, como olvidados. Las paredes de un color beige que seguramente pintaron hace veinte años cuando estaba de moda. El plafón de cartón con seis luminarias, y una fundida. Escritorios viejos, polvorientos con nada más que basura en los cajones. Y una trampa para ratones en una esquina del cuarto, que con lo curioso que soy, ya revisé, y si está vacía. Todos sentados en estas sillas incómodas con el respaldo bajo, mirando sus monitores y tecleando; imagínenme a mí. Carraspeo, nadie habla, sonidito del Messenger, ya le baje al volumen. En algún punto de este tiempo de repente olvido todo lo que acabo de describir, y comienzo a escuchar un ritmo, pequeñito, que no percibes a menos que te dejes llevar. Luego veo pasar imágenes que no estaban en mi pantalla, ni en mi historia. El tecleo se hace más resonante, las respiraciones se acrecientan y se escuchan hasta los latidos de los cinco, cada quien a su propio tempo, taquicardia, el rechinido de la silla, el martilleo allá afuera, las pisadas del piso de arriba, uno rascándose la espalda, estornudo, todos y cada uno de esos sonidos componiendo una melodía que no es música por definición, pero emociona. ¿Qué habrá en sus cabezas? ¿Cómo son sus vidas cuando salen de aquí? Son felices? ¿Qué ocultan? ¿Ilusiones, sueños, algo más grande que sólo estar aquí trabajando? O sólo soy yo? Cuando todo parece estar tranquilo de seguro nuestros espíritus y nuestras mentes revolotean por la habitación, los sueños se ensanchan y la imaginación que parece ser el único escape de este lugar asfixiante, se convierte en movimiento, en caos, en imágenes; la música que escucho. Lugares, paisajes, el sonido del viento en los oídos, el cosquilleo de la espuma del mar en la piel, el olor de la tierra húmeda… Luego alguien dice algo, y de vuelta estamos.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Héroe
A veces desearía que el tiempo se detuviera
Que las cosas pequeñas se hicieran evidentes
y que el sonido de la naturaleza resuene en las ciudades
Admirar cada detalle de cada cosa que sucede en cada segundo
Mientras me pierdo en mi mente el tiempo ya comienza a detenerse lentamente. Escuchando el último de tus respiros sobre mi oído todo se vuelve claro como mi propia realidad.
Sería ideal que nuestros cuerpos no nos limitaran
Que nuestros ojos no fueran nuestra única lente para ver el mundo
Quisiera sentir más allá de lo que mi piel puede tocar para percibir sus emociones como si fueran las mías
Y así poder anticiparme a la derrota y cambiar el curso de los eventos
Quisiera que la mujer que grita afuera encuentre paz en su alma
Y que sus lágrimas regaran las nuevas semillas de su corazón
Me gustaría creer que existen los héroes
Y así saber que hay alguien en el mundo para mi
Ahora estamos solos yo y el universo entero. El segundero ya casi no puede seguir pero ante mis ojos deslumbra este poder que es un regalo; un arma de dos filos que he decidido portar.
Quisiera que nadie sufriera por amor
Un arma con la potencia para mover a la humanidad y pocos saben utilizar
El instructivo se encuentra grabado en el viento, en las señales
Los grandes poetas lo han interpretado y parecen saber de lo que hablan
Ya el tiempo se ha detenido casi por completo. Mi cuerpo y mis expresiones faciales paralizados. Lo único que escucho son mis latidos sonoros sobre un silencio total y...
creo que este es el instante, antes de…
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