miércoles, 9 de diciembre de 2009
Escape
Cinco personas en la misma oficina aburrida sin ventanas, en el sótano del edificio, como olvidados. Las paredes de un color beige que seguramente pintaron hace veinte años cuando estaba de moda. El plafón de cartón con seis luminarias, y una fundida. Escritorios viejos, polvorientos con nada más que basura en los cajones. Y una trampa para ratones en una esquina del cuarto, que con lo curioso que soy, ya revisé, y si está vacía. Todos sentados en estas sillas incómodas con el respaldo bajo, mirando sus monitores y tecleando; imagínenme a mí. Carraspeo, nadie habla, sonidito del Messenger, ya le baje al volumen. En algún punto de este tiempo de repente olvido todo lo que acabo de describir, y comienzo a escuchar un ritmo, pequeñito, que no percibes a menos que te dejes llevar. Luego veo pasar imágenes que no estaban en mi pantalla, ni en mi historia. El tecleo se hace más resonante, las respiraciones se acrecientan y se escuchan hasta los latidos de los cinco, cada quien a su propio tempo, taquicardia, el rechinido de la silla, el martilleo allá afuera, las pisadas del piso de arriba, uno rascándose la espalda, estornudo, todos y cada uno de esos sonidos componiendo una melodía que no es música por definición, pero emociona. ¿Qué habrá en sus cabezas? ¿Cómo son sus vidas cuando salen de aquí? Son felices? ¿Qué ocultan? ¿Ilusiones, sueños, algo más grande que sólo estar aquí trabajando? O sólo soy yo? Cuando todo parece estar tranquilo de seguro nuestros espíritus y nuestras mentes revolotean por la habitación, los sueños se ensanchan y la imaginación que parece ser el único escape de este lugar asfixiante, se convierte en movimiento, en caos, en imágenes; la música que escucho. Lugares, paisajes, el sonido del viento en los oídos, el cosquilleo de la espuma del mar en la piel, el olor de la tierra húmeda… Luego alguien dice algo, y de vuelta estamos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario