sábado, 12 de diciembre de 2009
Cinco segundos
Risas, unas copas de merlot, "muchas gracias por todo; la cena estuvo riquísima. Hasta luego" abrazo, subo a mi coche y arranco. La lluvia no me deja ver el camino; no voy tan lejos, pero si pudiera ver, iría más rápido y ya hubiera llegado. Voy cantando despreocupado en lo que manejo con dirección a mi casa hasta que los coches delante de mí empiezan a bajar su velocidad. ¿Qué pasa? Seguramente hay antialcohólica ahí adelante. Hay luces. Conduzco despacio para que no sospechen que he bebido. No es nada, solo unas grúas. Y en lo que avanzo y apenas pensé: "no era nada, estoy a salvo" me doy cuenta que tras la grúa se a asoma el coche de otra persona, volcado de cabeza, con el capote completamente aplastado sobre el pavimento, pedazos de metal por todo el lugar. No había gente afuera, sólo lluvia. Tampoco había sangre, tal vez el agua la había lavado del asfalto ya. Fueron cinco segundos para mi, el tiempo transcurrido en lo que despacio pasaba junto al coche hecho garras, mirando con los ojos bien abiertos, mientras que lo único que pensaba era "por favor, sigue con vida". Cinco segundos para mí, pero para quien iba en ese coche cinco segundos fueron dolor y miedo. Cinco segundos para tomar una decisión fatal. Cinco segundos antes de eso quizá sonreía. Cinco segundos para valorar la vida entera, mientras desaparece. Cinco segundos traducidos en un para siempre y un hasta luego.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario