viernes, 12 de febrero de 2010

Parafraseando

Hay tantísimas cosas de las que quisiera escribir ahorita mismo; algunas buenas, otras por coraje, sarcasmo, estupidez, ingenuidad. Amor... pinche gente!! también hay inseguridad, ya sea falta de autoconfianza, o como la que hay en las calles de esta ciudad. Hay resentimiento, hay celos, hay cariño, extrañamiento. Hay memorias, tantas, y tan buenas, y otras no tan buenas, otras que me sigo cuestionando, si!, después de meses, años, el siglo pasado tal vez. Pero ya no es el momento y tal vez ya nunca será. Tal vez tenga veneno, pero no soy serpiente y no haré lo que muchos, de ir morder al que se lo merezca o echárselo a la primer urraca que vea, sino que mi cuerpo simplemente lo asimílará y lo eliminará de mi sistema gradualmente (o lo escribiré aquí). Parafraseando, solamente diré: Si realmente crees en ti mismo, no tienes por qué chingarte a otros. Si... en otras palabras: Hay gente que tiene tanta mierda adentro que tiene que escupir mierda a otros para no sentirse tan mierda el mismo.
...No lo digo por nadie en específico. Es tanta gente.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sonata


La noche más negra de todas, enredado entre las sábanas de la cama, suaves, calientitas. En mi mente, como acostumbro, me he ido lejos solo y me he perdido en la vastedad de la memoria, en la oscuridad de los deseos, en un lugar sagrado, un bosque de mitos, esperando de la noche algo más, una emoción, un vínculo con lo invisible, encontrarme contigo. Entonces miro al cielo y entre los árboles y el mismo manto de la penumbra, te descubres, te has hecho un hueco entre las nubes y ahora bajas del firmamento flotando en una envoltura de luces, como telas que te rodean. Yo levanto mi mano, aun cubierta de sábanas blancas en las que se reflejaba esa luz que viene de tu ser, y con ese viento que provoca el suspiro de la tierra me elevo flotando como el aire y sin tocarnos comenzamos a bailar en el cielo, envueltos en sábanas y luces de aurora, entre estrellas, y esa música de genios que tú y yo escuchamos y nadie más, y que tiene tu nombre, melancólica, potente, llena de fuerza, de amor, de traición, de deseos. Nos hemos visto a los ojos, nos hemos amado y odiado, y he vuelto a cerrar los ojos mientras tú te ocultabas de nuevo entre los cúmulos sombríos y la noche, la inquietante noche, que ahora ya nos es tan negra después de todo.