El mar; un pequeño pueblo al costado de una montaña con caminos de tierra; cuatro mujeres indígenas y dos niños; otra mujer, sola, pensativa y misteriosa; y otras tres marinas pequeñas, nubladas y que se distinguen por la luz de la luna que se refleja en sus olas. Miro esos cuadros tomándome una taza de café y escucho la secadora andando con lo que parece ser nada más que un pantalón.
Se siente una ligera corriente de aire que alcanza a entrar por las ventanas abiertas de la sala, donde estoy sentado con las luces apagadas y con sólo la luz que entra de una tarde con cielo lluvioso. Tras las ventanas, el patio, que está mojado después de haber llovido por dos semanas consecutivas. Volteo hacia afuera y veo a mi perro que mira fijamente un punto, como si esperara o intentara recordar algo. No escucho aves cantar, pero huelo los geranios que están cerca de la ventana y me recuerdan pequeños momentos de tiempo atrás. Doy otro trago a mi café y regreso la mirada.
Ayer andaba de genio, hoy sólo estoy aburrido y algo pensativo. Conversando con alguien recordé que la vida es demasiado corta pero al mismo tiempo suficientemente larga para hacer todo lo que alguna vez me he imaginado haciendo. Eso me aportó un poco de esperanza y me levantó el ánimo. Estoy dispuesto a volver a la realidad; después de una semana entera de pocas ganas, malas caras, no hacer nada, y me doy cuenta que la depresión cansa y que la vida sigue. Ya mañana saldrá el sol.
Doy el último trago a mi café, y sonrío.
lunes, 27 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
Ctrl + z
Se siente que arde, te detienes y te preguntas si realmente te conoces y deseas que te coma la tierra, regresar unos minutos atrás, ctrl + z. Y sientes las miradas, aun que no les veas directo a los ojos, que te perforan a través de la piel, de las paredes, y del tiempo.
Si, lo dicho, dicho está; si el ser amado ha sido lastimado por nuestra mano y nuestro ego; cuando la culpa golpea como piedra en la cabeza; y las arañas muerden tu nuca es el momento de elegir, y de tragarse el orgullo.
Errar es humano, dicen, pero he comprobado que arrepentirse le hace a uno aún más humano. No se borra el pasado, pero aquél que no se arrepiente de lo que las religiones llaman pecado seguirán como monstruos ante las miradas del mundo; aquél que acepta su error y aprende la lección limpiará su karma y demostrará su humanidad de nuevo.
Si, lo dicho, dicho está; si el ser amado ha sido lastimado por nuestra mano y nuestro ego; cuando la culpa golpea como piedra en la cabeza; y las arañas muerden tu nuca es el momento de elegir, y de tragarse el orgullo.
Errar es humano, dicen, pero he comprobado que arrepentirse le hace a uno aún más humano. No se borra el pasado, pero aquél que no se arrepiente de lo que las religiones llaman pecado seguirán como monstruos ante las miradas del mundo; aquél que acepta su error y aprende la lección limpiará su karma y demostrará su humanidad de nuevo.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Disección mental
No se trata de autosabojate, se trata de una purificación espiritual.
Se trata de conocernos para poder transformarnos.
Para alcanzar el potencial humano primero debemos convertirnos en nada y luego en parte de todo
Si nos desarmamos podemos reconocer los errores del pasado, las actitudes autodestructivas, los malos hábitos, y así podemos identificarlos y dejarlos fuera del rompecabezas cuando nos volvamos a armar.
La disección del ser mental nos revela cada detalle de nuestra idiosincrasia.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Ser hombre
Da miedo, no lo puedo negar. Siempre habrá una pequeña duda, una pequeña falta de confianza. No podemos predecir lo que no conocemos. No queremos salir lastimados, ni decepcionados. Las lágrimas duelen como arañazos en la cara, sobre todo cuando es el orgullo el que llora.
¿Para mi que es ser hombre? (escuche esa pregunta hoy) Es tragarse el orgullo, aceptar que tenemos miedo y lanzarse de todas maneras; ser honesto con uno mismo y emocionalmente justo; es ser, y vivir en lugar de sólo imaginar; es el que cumple lo que promete, y yo, me he prometido muchas cosas; es hora de que comience a cumplirlas.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Tú y yo, con los ojos cerrados
Sentado en la butaca del teatro, sin saber que va a suceder. ¿Qué hago aquí?, ¿Qué vine a ver? En realidad no lo sabía, yo sólo entré y escogí un lugar a mi lado derecho del enorme teatro circular y me senté. Escuchaba una música de fondo; una pieza de piano excelentemente tocada, melancólica, evocadora de recuerdos y fantasías. Mientras disfruto de la melodía cierro los ojos, me reclino y coloco mis manos en los brazos del asiento, en donde sentí tu mano bajo la mía.
Sin mirarte supe que eras tú porque conozco tu piel, los nudillos grandes y los vellos en el dorso de tu mano. Y sólo sonreí y apreté fuerte. Me incliné hacia ti y... te besé. Te estuve esperando.
Susurraste mi nombre y dos palabras más y cuando sentía con mis labios el movimiento de los tuyos, a través de mis párpados cerrados noté como las luces del teatro se apagaban lentamente mientras tú y yo seguíamos besándonos.
En la penumbra percibí que se encendía una luz tenue de color azul en dirección del centro del escenario, e inmediatamente las filas enteras de los asientos comienzan a moverse hacia los lados como cuando arranca un juego mecánico, un carrusel con los asientos mirando hacia el centro, hacia el escenario. Cada fila se movía a su propia dirección y velocidad, pero a ti y a mí parecía no importarnos. Todo comenzaba a girar más rápido y con los ojos cerrados sólo éramos capaces sentir la inercia producida por el movimiento en círculos. Pero la pasión entre nosotros era una fuerza más fuerte, tanto que a pesar de que las filas seguían girando cada vez más rápido, produciendo un torrente de viento en todo el lugar, tu y yo seguíamos entre brazos tranquilamente, ignorando todo acontecimiento externo.
Los tapices en los muros comenzaban a despegarse por la fuerza del viento, las cortinas del telón se desgarraban y desprendían del escenario, las demás personas se aferraban a sus asientos y otros se habían soltado y eran arrastrados por el viento junto con otras cosas; butacas, basura, personas volando en círculos. Muros y pedazos del salón comenzaban a desprenderse hasta que el edificio completo quedaba desintegrado y los escombros volaban y nos encontrábamos en el aire, abrazados, con tus labios saboreando los míos, ojos cerrados, al mismo tiempo que todo se volvía nada.
Polvo en el viento que sentíamos en la cara, tal vez todo se había desintegrado, ya no había nadie ni nada. Nunca escuchamos gritos ni estruendos, sólo esa misma música y de pronto nuestros latidos, tan fuertes que parecía que nuestros corazones estaban a punto de salirnos del pecho para unirse en uno solo. Entonces los latidos se volvían ensordecedores y los escuchábamos dentro de nuestras mentes, cada vez más fuerte, como tambores, acercándose, más y más fuerte, y mientras sigo besándote sólo pensaba en verte a los ojos y cuando por fin abro los míos, escucho un último latido como trueno y yo seguía en mi cama... solo.
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