domingo, 5 de septiembre de 2010

Tú y yo, con los ojos cerrados

Sentado en la butaca del teatro, sin saber que va a suceder. ¿Qué hago aquí?, ¿Qué vine a ver? En realidad no lo sabía, yo sólo entré y escogí un lugar a mi lado derecho del  enorme teatro circular y me senté. Escuchaba una música de fondo; una pieza de piano excelentemente tocada, melancólica, evocadora de recuerdos y fantasías. Mientras disfruto de la melodía cierro los ojos, me reclino y coloco mis manos en los brazos del asiento, en donde sentí tu mano bajo la mía.

Sin mirarte supe que eras tú porque conozco tu piel, los nudillos grandes y los vellos en el dorso de tu mano. Y sólo sonreí y apreté fuerte. Me incliné hacia ti y... te besé. Te estuve esperando.
Susurraste mi nombre y dos palabras más y cuando sentía con mis labios el movimiento de los tuyos, a través de mis párpados cerrados noté como las luces del teatro se apagaban lentamente mientras tú y yo seguíamos besándonos.

En la penumbra percibí que se encendía una luz tenue de color azul en dirección del centro del escenario, e inmediatamente las filas enteras de los asientos comienzan a moverse hacia los lados como cuando arranca un juego mecánico, un carrusel con los asientos mirando hacia el centro, hacia el escenario. Cada fila se movía a su propia dirección y velocidad, pero a ti y a mí parecía no importarnos. Todo comenzaba a girar más rápido y con los ojos cerrados sólo éramos capaces sentir la inercia producida por el movimiento en círculos. Pero la pasión entre nosotros era una fuerza más fuerte, tanto que a pesar de que las filas seguían girando cada vez más rápido, produciendo un torrente de viento en todo el lugar, tu y yo seguíamos entre brazos tranquilamente, ignorando todo acontecimiento externo.

Los tapices en los muros comenzaban a despegarse por la fuerza del viento, las cortinas del telón se desgarraban y desprendían del escenario, las demás personas se aferraban a sus asientos y otros se habían soltado y eran arrastrados por el viento junto con otras cosas; butacas, basura, personas volando en círculos. Muros y pedazos del salón comenzaban a desprenderse hasta que el edificio completo quedaba desintegrado y los escombros volaban y nos encontrábamos en el aire, abrazados, con tus labios saboreando los míos, ojos cerrados, al mismo tiempo que todo se volvía nada.

Polvo en el viento que sentíamos en la cara, tal vez todo se había desintegrado, ya no había nadie ni nada. Nunca escuchamos gritos ni estruendos, sólo esa misma música y de pronto nuestros latidos, tan fuertes que parecía que nuestros corazones estaban a punto de salirnos del pecho para unirse en uno solo. Entonces los latidos se volvían ensordecedores y los escuchábamos dentro de nuestras mentes, cada vez más fuerte, como tambores, acercándose, más y más fuerte, y mientras sigo besándote sólo pensaba en verte a los ojos y cuando por fin abro los míos, escucho un último latido como trueno y yo seguía en mi cama... solo.

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