martes, 17 de noviembre de 2009

Embarcación

El amor mueve al mundo de un lado a otro. Si. Pero el amor no tiene piloto automático y el freno es un ancla que arrasa y abre una brecha en el fondo, como una cicatriz que queda en el pasado. Súbanse al barco los valientes. Pero no olviden su brújula ni el mapa y tengan fijo su destino. Porque el amor puede ser una aventura peligrosa; aguas calmas y tormentas en un mismo océano. En estas aguas uno debe confiar en su tripulación y saber a dónde van o se hundirán para siempre y la empresa fracasará. Izar las velas cuando los vientos sean constantes, pero recordar que mientras uno hace eso, otro debe tomar el timón. Súbanse sin esperar encontrar un continente más, que el cartógrafo ya los conoce todos. El amor mueve al mundo pero quien se suba a este barco debe saber navegar.

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