lunes, 21 de diciembre de 2009
Rosa amarilla
Admiro tu entusiasmo por vivir, a pesar de lo que lo efímero de tu existencia. Tuviste ganas de convertirte en algo más que un regalo, más que un simbolismo o un mensaje oculto: un nuevo comienzo. Te invité a mi casa, te di un lugar y te di de beber, y cuidé de ti porque yo tenía las mismas ganas que tú de que fueras algo más. Sin embargo ahí estuviste en el mismo lugar, mientras yo iba y venía, y tu sólo sonreías, porque no había otra cosa que hacer, porque tu lo supiste todo el tiempo, mas yo no supe escucharte. En gran parte porque no hablo el lenguaje de las rosas, pero también porque decidí creer que los detalles valen por lo que son y no por algún significado oculto. Nunca tiraste un solo pétalo. Simplemente agachaste la mirada y te fuiste a dormir. Yo extrañaré tu compañía y te recordaré con mucho cariño, agradeciendo siempre lo que pudiste ser y lo que ahora soy yo, con una sonrisa de verdad, preparado para que el florero que dejaste reciba la siguiente rosa, y habiendo descubierto que todos los días son un nuevo comienzo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Me gusta mucho la metáfora que esto puede ser.
ResponderEliminarUn beso Jorge, te agrego a mis links.